Club de lectura en linea (34): Alberto Chimal

Club de lectura EN LINEA del Instituto Cervantes de Milán: 

Moderadora: VALERIA CORREA FIZ

Miércoles 4 de marzo de 2026 18h – 19h (Milán)


Alberto Chimal


Video conferencia con plataforma zoom:

https://us02web.zoom.us/j/82509347676?pwd=4C3VNEpmzDuQmUNJgbv4k3z2qKWEnU.1

ID de reunión: 825 0934 7676

Código de acceso: 934198


Alberto Chimal

BIOGRAFÍA

Alberto Chimal (Toluca, México, 1970) es escritor y profesor de escritura creativa. En 2002 obtuvo el Premio Nacional de Cuento y en 2014 el Premio de Narrativa Colima, otorgados por el Instituto Nacional de Bellas Artes de su país; en 2013 su novela La torre y el jardín fue finalista del Premio Internacional Rómulo Gallegos; en 2019 su libro para niños La Distante recibió el premio internacional de la Fundación Cuatrogatos; en 2021 su novela La noche en la zona M ganó el premio internacional del Banco del Libro, y en 2024 obtuvo el Premio Internacional FILEM a su trayectoria literaria. Otras de sus obras son las novelas Los esclavos (2009) y La visitante (2022); una veintena de libros de cuentos, de los que el más reciente es Las estancias secretas (2024); los guiones de las películas 7:19 (2016), dirigida por Jorge Michel Grau, y Confesiones (2023), dirigida por Carlos Carrera; «Funeral«, una historia ilustrada dentro de la novela gráfica Batman: El Mundo (2021), y el podcast de ficción La señal (2025). Textos suyos se han traducido a una docena de idiomas y han aparecido en antologías internacionales. Vive en la Ciudad de México; con su esposa, la escritora Raquel Castro, mantiene un canal de divulgación literaria en YouTube. En Páginas de Espuma ha publicado Los atacantes (2015) y Manos de lumbre (2018).


Acerca de Las máquinas enfermas

 Por Alberto Chimal

Escribí este libro para que fuera desde el principio una colección completa, unitaria, inédita, y no una reunión de textos previamente publicados. Uno de los cuentos apareció en una revista mexicana –después de la conclusión del proyecto– pero la intención original se mantiene.

El origen de Las máquinas enfermas es una preocupación muy clara sobre un tema muy presente. Los cuentos se refieren, de diferentes formas, a nuestra obsesión con las llamadas “inteligencias artificiales” y otras tecnologías digitales, y a los muchos lados oscuros de ese mito renovado: el de las máquinas que “van” a reemplazarnos, y que ya están interfiriendo en nuestras vidas, nuestro pensamiento e incluso nuestros cuerpos. Aunque el mito es viejo, la sensación mundial que han provocado los modelos de inteligencia artificial generativa (ChatGPT, Gemini, Grok o cualquier otra) ha crecido gracias a las amenazas, no siempre veladas, que sus propios dueños o creadores han difundido a través de los medios. Sus tecnologías son inevitables, dicen; quien no se adapte y se someta a ellas, será arrastrado, borrado del mundo laboral y probablemente del mundo a secas. No hay forma de pararlas, nada será igual cuando se apoderen del mundo, este es el próximo salto evolutivo de la conciencia en la Tierra, etcétera. Todavía está por ver si dicen la verdad: en lo personal, me parece que llamar a esos modelos “inteligencias” es una estratagema mercadotécnica, y que ningún chatbot está realmente a la altura de esas expectativas. Pero lo cierto es que el mito es fuerte, y muchas personas que no se han rendido a él de plano sí han abrazado las modas que se han creado a su alrededor. Los generadores de texto, imagen o sonido son, para muchas personas, bufones, oráculos o (más terrible) amigos, sustitutos de la compañía humana, simplemente porque parece fácil y barato, y porque los seres humanos proyectamos nuestra humanidad en todo lo que nos rodea. Ya hay casos reportados de delirios religiosos, fugas psicóticas y hasta suicidios derivados del uso de tal o cual modelo generativo: como cualquier otra creación humana, las máquinas “inteligentes” nos ayudan a desatar a nuestros propios demonios.

Las máquinas enfermas trata de esas proyecciones y esos demonios, y también de un aspecto de la cuestión que a veces se olvida: que esta tecnología es, en su mayor parte, propiedad de un número pequeñísimo de personas extremadamente ricas. Esta es una época en la que hay más dinero que nunca antes en la historia humana, pero también más desigualdad: los oligarcas de la actualidad concentran recursos y poder que los emperadores de otras épocas no podían ni soñar, y varios de ellos son los dueños de esas herramientas que quieren apoderarse de la imaginación y el pensamiento humanos. Creo que es ingenuo pensar que tienen buenas intenciones, y de hecho las aspiraciones declaradas de algunos son bastante horribles: fantasías de poder absoluto y saqueo perpetuo del mundo (y hasta de otros mundos).

Además, aun si las máquinas no funcionan, nuestra fe en ellas podría ser suficiente para que triunfen sobre de nosotros. No sería la primera vez que la humanidad se inventa ídolos para adorarlos.